El Gran Gardel
pagina 3

pagina 1 - pagina 2 - pagina 4 - pagina 5 - pagina 6
yocarlos
La cumparsita

Si supieras
que aún dentro de mi alma
conservo aquel cariño
que tuve para ti.
Quien sabe si supieras
que nunca te he olvidado
volviendo a tu pasado
te acordaras de mi.

Los amigos ya no vienen
ni siquiera a visitarme
nadie quiere consolarme
en mi aflicción.
Desde el día que te fuiste
siento angustias en mi pecho,
decí percanta: ¿Qué has echo
de mi pobre corazón?



Al cotorro abandonado
ya ni el sol de la mañana
asoma por la ventana,
como cuando estabas vos

y aquel perrito compañero
que por tu ausencia no comía
al verme solo, el otro día
también me dejo.

Si supieras... ... ... ...


(P. Contursi-G. Matos Rodriguéz)


Yira Yira

Cuando la suerte que es grela
fayando y fayando
te largue parao,
cuando estés bién en la via,
sin rumbo, desesperao.
Cuando no tengas ni fe,
ni yerba de ayer
secandose al sol.
Cuando rajés los tamangos
buscando ese mango que te haga morfar.
la indiferencia del mundo
que es sordo y es mudo
recién sentirás.


Verás que todo es mentira,
verás que nada es amor,
que al mundo nada le importa,
Yira, Yira.
Y aunque te quiebre la vida,
y aunque te muerda un dolor,
no esperes nunca una ayuda,
ni una mano, ni un favor.

Gardel


Cuando estén secas las pilas
de todos los timbres
que vos apretás,
buscando un pecho fraterno
para morir abrazao.
Cuando te dejen tirao,
después de cinchar,
lo mismo que a mi.
Cuando manyés que a tu lado
se prueban las ropa
que vas a dejar,
te acordaras de este otario
que un dia, cansado,
se puso a ladrar.


Veras que todo es mentira...

Letra y musica: Enrique Santos Discepolo







gardel2









ME DA PENA CONFESARLO

Nace el hombre en este mundo
remanyao por el destino,
y prosigue su camino
muy confiado del rigor,
sin pensar que la inclemencia
de la vida sin amor
va enredando su existencia
en los tientos del dolor.


Pero llega a que un momento
se da cuenta de su suerte,
y se amarga hasta la muerte
sin tener ya salvación,
pues comprende que la vida
fue tan sólo un metejón
al perder la fe querida
de su pobre corazón.


Me da pena el confesarlo,
pero es triste, ¡qué canejo!,
el venirse tan abajo,
derrotado y para viejo.
No es de hombres lamentarse,
pero al ver cómo me alejo,
sin poderlo remediar,
yo lloro sin querer llorar.



Si no fuera que el recuerdo
de mi madre tan querida
me acollara en esta vida
con sentida devoción,
no era yo quien aguantaba
esta triste situación,
ni el que así se contemplaba
sin abrirse el corazón.

Pero hay cosas, compañero,
que ninguno las comprende;
uno a veces se defiende
del dolor para vivir,
como aquél que, haciendo alarde
de coraje en el sufrir,
no se mata de cobarde
por temor de no morir.


Me da pena el confesarlo,.......






Construye tu web en cuatro clics con el servicio gratuito de 4Clics.com