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KIMET

Me llamo Joaqu�n, aunque en casa, en confianza, me llaman Kimet. La verdad es que a m� eso del nombre me da igual, porque jam�s respondo a las llamadas.
Pero estoy adelantando acontecimientos.

Nac� en 1.997, dicen que en oto�o. Mi madre era una preciosa gata que vivía en la calle Avinyó, en Barcelona. La recuerdo poco. No se quién fue mi padre aunque supongo que vivía con algún amigo de los humanos de mi mamá. Yo era a�n muy peque�o cuando aparecieron en casa unos chicos que se acercaron y nos miraron a mi y a mis hermanos. Nuestro humano les dijo: elegid al que queráis. A m� me llevaron dos chicos que me llevaron a a un lugar un poco raro. Estaba lleno de tablas de snowboard y bolsas, maletas, cajas... Mis nuevos humanos dec�an que aquello era 'el almac�n'.
Me prepararon un arenero y me pusieron unos platos con comida y agua. Descubr� aquel local y no tard� en adaptarme y marcarlo como m�o.
Tambi�n hab�a un enorme patio, al que yo sol�a salir a investigar. La verdad es que lo pas� muy bien all�. Era divertid�simo, con tantas cosas que morder y ara�ar...

Un d�a, en marzo de 1998, los chicos empezaron a recoger las pocas cajas que quedaban, después de repartir los pedidos, lo embalaron todo y se lo llevaron. Qued� el local vac�o. Yo me asust� porque no sab�a qu� estaba pasando. Cre� que me abandonaban. Pero no.
Los chicos me llevaron a casa de su padre: 'Ser� poco tiempo, hasta que encuentre piso.'

, dijo el mayor. Aquello era distinto al almac�n. Mucho m�s peque�o, sin patio y con un mont�n de libros. Y s�lo hab�a un humano fijo, el padre de los chicos y uno de ellos que aparec�a y desaparec�a. Se qued� un tiempo y al final se march� con su chica y nos dej� solos al padre y a m�.




A los pocos d�as, el humano que había dicho que volvería a buscarme, se march� de viaje. Tard� un par de meses en regresar, pero cuando lo hizo yo ya me hab�a acostumbrado a mi nueva casa. No quise marcharme de all�.

Me convert� en el rey. Tuve alg�n intercambio de pareceres. Como el d�a que intentaron ba�arme. Luch� hasta la desesperaci�n y gan�. Me soltaron empapado, pero victorioso. Las u�as llenas de piel y sangre humanas. Nunca m�s volvieron a intentarlo.

Fui creciendo y sent� la llamada de la naturaleza. Un impulso irrefrenable me llev� a rociar toda la casa con mi olor. Me encantaba marcar la ropa l�mpia, el sof�, la cama... hasta los platos reci�n salidos del fregadero.
Una ma�ana me sacaron de paseo. Me llevaron a ver a Oscar, un amiguete que suele vestir de verde. Y me qued� dormido. Al despertar, con una borrachera increible, sent� una sensaci�n de vac�o en mis partes traseras. Y ya se me pas� esa man�a del marcaje.

Durante varios a�os fui el �nico habitante de cuatro patas. Aunque a veces ven�a de visita Tro. Era un bicho grande y negro que lleg� un d�a con de los chicos. Comentaron que era un perrillo andaluz, que lo encontraron abandonado en una carretera de Cádiz siendo cachorrillo, y se lo trajeron para ac�.




Un d�a mi humano se puso muy enfermo, estuvo varios d�as fuera de casa. Ven�a a cuidarme su costilla, Cereza. Cuando �l regres� a casa, ella tambi�n se instal� con nosotros. Pronto me acostumbr� a ella. Y hasta la prefiero para compartir mis siestas en invierno.

As� hemos estado mucho tiempo. Yo segu� siendo el due�o de la situaci�n, hasta que aparecieron un d�a con ese diablillo rayado, Tino. Que �l os cuente su historia.